Ángeles mancebos Roma
Descripción de la Obra
Ángeles mancebos para el retablo romano de las Hermanas de la Cruz
Iconografía de los ángeles
Los dos ángeles mancebos realizados por Juan Alberto Pérez Rojas se inscriben en la tradición de las figuras angélicas auxiliares —ceriferarios, portaestandartes o portainsignias— que, dentro del lenguaje del retablo barroco andaluz, acompañan y realzan la escena principal sin disputarle el protagonismo, aportando al conjunto un discurso simbólico propio a través de los atributos que sostienen.
En este caso, cada ángel porta un elemento de honda significación: uno sostiene la cruz, símbolo directo de la Pasión de Cristo y, por extensión, emblema mismo de la Compañía de la Cruz, congregación fundada en Sevilla en 1875 por Santa Ángela de la Cruz; el otro porta las llaves, alusión inequívoca a San Pedro y, con ello, a la sede romana del papado, ciudad que acoge el retablo. La lectura conjunta de ambos atributos —cruz y llaves— construye un programa iconográfico preciso: la obra sevillana de Santa Ángela, nacida bajo el signo de la cruz, encuentra en Roma, sede de Pedro, el lugar de su proyección y arraigo universal.
Composición y lenguaje escultórico
La condición de "mancebos" —ángeles jóvenes, imberbes, de rostro dulce y expresión serena en uno de ellos y más alegre y distendida en el otro— responde a un tipo iconográfico muy asentado en la imaginería procesional y retablística andaluza, donde el ángel se concibe como un ser de eterna juventud, representado con rasgos adolescentes antes que como un guerrero celestial o un mensajero solemne. La escala reducida de las piezas, de apenas 35 cm, corresponde a su función como elementos ornamentales integrados en la arquitectura del retablo y no como imágenes de culto autónomas, por lo que su composición busca la ligereza y el dinamismo —el giro suave de la cabeza, el leve contraposto, el gesto de las manos al sostener sus atributos— antes que la monumentalidad. Ambas figuras dialogan entre sí en actitudes complementarias, concebidas para ocupar posiciones simétricas dentro del conjunto retablístico.
Técnica: talla en terracota y policromía al óleo
A diferencia de la mayor parte de la imaginería procesional sevillana, tallada en madera de cedro o pino, estos ángeles están realizados en terracota, técnica de honda raigambre en la escultura religiosa mediterránea y especialmente idónea para piezas de pequeño formato destinadas a la decoración arquitectónica de retablos, por su ligereza y la finura de modelado que permite en los detalles del rostro y las manos. La policromía se resuelve al óleo, aplicada sobre el modelado en barro cocido para dotar a las carnaciones de calidez y matiz, y a los paños de la riqueza cromática propia del lenguaje pictórico barroco, en sintonía con el conjunto pictórico del retablo.
Contexto devocional e histórico: el retablo de las Hermanas de la Cruz en Roma
Estos ángeles forman parte integrante de un retablo concebido para conmemorar el cincuenta aniversario de la presencia de las Hermanas de la Cruz en Roma, cuya pintura fue realizada por Raúl Berzosa. La Compañía de la Cruz —cuyas religiosas son conocidas como Hermanas de la Cruz— fue fundada en Sevilla el 2 de agosto de 1875 por Santa Ángela de la Cruz, recibiendo la aprobación pontificia de San Pío X en 1904; su fundadora, beatificada en 1982, fue canonizada por Juan Pablo II el 4 de mayo de 2003. Con el paso de las décadas, la congregación sevillana extendió su presencia más allá de Andalucía y de España, estableciendo comunidades también en Italia y Argentina, siempre fiel al carisma original de asistencia a los pobres y enfermos.
El retablo se encuentra en la Iglesia de San Juan Bautista de los Florentinos, la iglesia nacional de la comunidad florentina en Roma, un templo de gran relevancia en la historia de la arquitectura romana: iniciado en el siglo XVI por iniciativa del papa Julio II, contó a lo largo de su dilatada construcción con la intervención de arquitectos como Jacopo Sansovino, Antonio da Sangallo el Joven, Miguel Ángel, Giacomo della Porta, Carlo Maderno y Francesco Borromini —ambos enterrados en su interior—, y recibió su fachada de travertino en 1734, obra de Alessandro Galilei. Que un retablo dedicado a honrar la presencia romana de una congregación nacida en el corazón de Sevilla se aloje en uno de los templos de mayor tradición artística de la Ciudad Eterna subraya el vínculo espiritual e histórico entre ambas orillas: la humildad de la caridad sevillana de Santa Ángela y la memoria universal de la sede de Pedro, que las llaves de uno de estos ángeles mancebos vienen a recordar.
La intervención de Juan Alberto Pérez Rojas se integra en esa tradición artística que entiende el retablo como una obra total, donde incluso las figuras de menor tamaño poseen un significado propio dentro del conjunto. Lejos de concebirse como un simple complemento ornamental, estos ángeles enriquecen la lectura simbólica del retablo y contribuyen a expresar, mediante la belleza de la escultura, la continuidad de un lenguaje artístico al servicio de la fe.
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