Santa Ángela de la Cruz

Escultor | Juan Alberto Pérez Rojas
Fecha | Año 2013
Materiales | Terracota policromada al óleo
Dimensiones | 120 cm
Localización | Colección particular (Sevilla, España)

Descripción de la Obra

Santa Ángela de la Cruz: Mística y Naturalismo en la Imaginería Contemporánea

La producción de escultura sagrada en el siglo XXI se enfrenta al perenne desafío de conjugar la herencia de los grandes maestros del barroco con la sensibilidad estética y devocional de nuestro tiempo. La imagen de Santa Ángela de la Cruz, realizada por el escultor Juan Alberto Pérez Rojas para una colección particular de Sevilla, se erige como un testimonio elocuente de este equilibrio, manifestando cómo la fidelidad histórica y la unción religiosa pueden converger en una pieza de hondo calado místico.

Ejecutada en terracota policromada al óleo y con una altura de 120 centímetros, la obra adopta una escala menor al natural que propicia una aproximación íntima y recogida con el fiel. Desde una perspectiva formal, el uso del barro cocido entronca directamente con la más pura tradición de la escuela sevillana de imaginería, evocando la plasticidad y la inmediatez expresiva que maestros como Pedro Roldán o Luisa Roldán, «La Roldana», imprimieron a sus creaciones. Este material permite un modelado menudo y preciosista, ideal para capturar la fragilidad de la materia humana transfigurada por la gracia divina.

Iconografía y arte para una santa contemporánea

Iconográficamente, la escultura se distancia de la idealización hagiográfica tradicional para abrazar un verismo arraigado en la memoria documental y gráfica de la fundadora de la Compañía de la Cruz. Sor Ángela aparece representada en la etapa madura de su vida, con una fisonomía que denota el paso implacable de los años y el rigor del ascetismo voluntario. La sutil curvatura de la espalda, que acusa el cansancio físico del camino recorrido en auxilio de los desvalidos, confiere a la efigie un dinamismo contenido, una actitud andante que simboliza la misión perpetua de su congregación. Su rostro, surcado por arrugas modeladas con pulcritud geométrica y unción lírica, no refleja amargura, sino la paz de quien se sabe habitado por el espíritu evangélico. Las facciones, afables y serenas, irradian la ternura y la cercanía que caracterizaron a la santa en los barrios sevillanos.

La indumentaria de la pieza observa un rigor histórico absoluto. La santa viste el hábito propio de su orden, resuelto con pliegues austeros y aplomados que huyen del barroquismo excesivo para enfatizar la sobriedad franciscana. La túnica de estameña marrón, el escapulario, el cíngulo de esparto, el riguroso velo negro y el pectoral configuran un lenguaje de texturas donde la policromía al óleo, aplicada mediante sutiles veladuras, logra sugerir la aspereza de los tejidos.

Los atributos que porta la imagen completan su discurso teológico y simbólico. En su mano derecha sostiene la cruz, emblema de la redención y eje vertebrador de la espiritualidad que dejó en herencia a sus hijas; en la izquierda, cobija el libro de oraciones, compendio de la vida contemplativa que nutre la acción caritativa. Un rosario pende de su cintura y un aro dorado envuelve su cabeza a modo de presea nimbar, recordando que la santidad es el destino final de la humillación terrenal.

Esta representación de Santa Ángela de la Cruz que ha realizado Pérez Rojas, trasciende la mera catalogación tipológica. Se trata de un simulacro sagrado donde la destreza técnica del modelado y el profundo conocimiento de las fuentes iconográficas se ponen al servicio de la fe, logrando que el barro y el óleo revelen la grandeza espiritual de una de las figuras más queridas de la Iglesia contemporánea. Una obra concebida para la contemplación, que perpetúa la tradición del arte sacro con una mirada renovada, noble y perdurable.

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El legado de Santa Ángela de la Cruz encontró continuidad en la vida y el testimonio de Santa María de la Purísima, cuya fidelidad al espíritu fundacional de la Compañía de la Cruz hizo posible que la obra de servicio a los más pobres siguiera creciendo con la misma sencillez, humildad y entrega evangélica.

Santa María de la Purísima

La figura de Santa María de la Purísima representa la continuidad del legado espiritual iniciado por Santa Ángela de la Cruz. Su vida, marcada por la misma entrega silenciosa a Dios y a los más necesitados, prolongó el carisma de la congregación hasta nuestros días, convirtiéndose en un nuevo referente de santidad para la Iglesia.

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