Virgen Dolorosa
Descripción de la Obra
Una nueva aportación a la imaginería mariana de Pérez Rojas
La creación de esta imagen de la Virgen Dolorosa, labrada en el año 2012 por el escultor Juan Alberto Pérez Rojas, constituye un bellísimo exponente de la madurez y la sensibilidad que definen su trayectoria dentro de la estatuaria sacra. Realizada en madera de cedro y primorosamente policromada al óleo, esta pieza de 155 centímetros de altura conjuga con maestría la unción religiosa del barroco clásico con una frescura técnica contemporánea, consolidando la personalísima visión del autor en la representación mariana de la Pasión.
Análisis iconográfico: la contención del dolor sagrado
Iconográficamente, la obra sumerge al espectador en el misterio de la compasión de María. Pérez Rojas huye del patetismo exacerbado, optando por una unción sagrada donde el sufrimiento se interioriza con una dignidad conmovedora. El rostro de la Virgen, levemente inclinado hacia su izquierda, presenta una simetría armónica que equilibra la composición dramática. La mirada, elevada sutilmente hacia el cielo, busca el consuelo divino en medio del quebranto, mientras que la delicada contracción de los músculos del entrecejo dibuja unas cejas de líneas ascendentes, rasgo inequívoco de una aflicción honda y contenida. El sutil modelado de la nariz y la leve dilatación de las aletas nasales acentúan la respiración entrecortada por el llanto, mientras que la boca, de un refinado tallado, parece esbozar un suspiro de resignada aceptación.
Las manos de la Dolorosa merecen una mención especial por su exquisita factura. Modeladas con una delicadeza anatómica sobresaliente, se separan en un ademán de ternura y desamparo. Este gesto dócil y abierto actúa como un contrapunto poético a la rigidez del dolor que domina el semblante, aportando dinamismo y una profunda carga lírica a la lectura global de la escultura.
Estilo, policromía y la herencia de la escuela sevillana
Desde una perspectiva estilística, la efigie bebe de las fuentes de la gran imaginería procesional, tamizada por la impronta personal de Pérez Rojas. El estudio anatómico de los rasgos faciales revelan un dominio riguroso del oficio. La policromía, uno de los sellos de identidad del escultor, se presenta clara y dotada de suaves tonos rosáceos. Este acabado, de un efecto jugoso, realza las calidades de la piel y aporta sensación de vida, suavizando la crudeza del drama y potenciando los valores estéticos de la pieza bajo la luz.
El coleccionismo de arte y la vigencia de la devoción privada
Un aspecto fundamental en la génesis de esta Virgen Dolorosa es su destino original: una colección particular en la histórica ciudad de Astorga (León). Lejos del bullicio de las grandes basílicas o de los desfiles procesionales, la obra fue concebida para el ámbito íntimo del mecenazgo privado. El coleccionismo de arte sacro ha desempeñado un papel crucial a lo largo de la historia de Occidente, salvaguardando la creación artística y permitiendo a los creadores explorar lenguajes más íntimos, cercanos y minuciosos.
En el contexto contemporáneo, el coleccionista privado que confía en el taller de Pérez Rojas no solo adquiere una pieza de indudable valor estético, sino que perpetúa una tradición secular de devoción doméstica y amor por la belleza imperecedera. Esta Dolorosa, exenta de la necesidad de conmover a las masas en la vía pública, se ofrece al recogimiento, permitiendo una contemplación cercana donde cada golpe de gubia y cada matiz de la policromía revelan la complicidad entre la fe del comitente y la inspiración del artista.
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Mater Dolorosa
La advocación de la Mater Dolorosa sintetiza el dolor de la Virgen María al pie de la Cruz y constituye una de las imágenes más universales de la espiritualidad cristiana. Esta escultura destaca por la serenidad de su expresión y por una interpretación que invita a la contemplación y a la oración.
Virgen María Dolorosa
Esta imagen de la Virgen María Dolorosa ofrece una visión íntima y contenida del sufrimiento de la Madre de Cristo. El cuidado modelado del rostro y la delicadeza de la policromía buscan transmitir una belleza serena, profundamente enraizada en la tradición de la imaginería andaluza.







