Sumo Sacerdote Eleazar
Descripción de la Obra
Eleazar, sumo sacerdote del trono de la Sagrada Cena de Málaga
Eleazar: la continuidad del sacerdocio de Aarón
Eleazar ocupa un lugar fundamental en la configuración del sacerdocio de Israel. Hijo de Aarón y sobrino de Moisés, pertenece a la primera generación sacerdotal instituida durante el éxodo y representa, de manera especialmente significativa, la continuidad del ministerio recibido por su padre. Su figura aparece principalmente en los libros del Éxodo, Levítico, Números y Josué, vinculada al servicio del santuario, a la custodia de los objetos sagrados y, finalmente, a la sucesión de Aarón como sumo sacerdote.
La importancia de Eleazar se comprende dentro del proceso mediante el cual el culto de Israel adquiere una estructura estable. Mientras Aarón encarna la institución originaria del sacerdocio levítico, su hijo representa su transmisión y permanencia. No estamos, por tanto, ante una figura aislada, sino ante uno de los principales eslabones de una genealogía sacerdotal destinada a garantizar la continuidad del servicio litúrgico del pueblo elegido.
Esta condición adquiere especial solemnidad en el relato de la muerte de Aarón. En el monte Hor, por mandato divino, Moisés despoja al anciano sacerdote de sus vestiduras sagradas y las coloca sobre Eleazar. El gesto posee una extraordinaria fuerza simbólica: el ministerio no desaparece con quien lo desempeña, sino que es transmitido a quien habrá de continuarlo. Eleazar sucede así a su padre y asume la dignidad de sumo sacerdote.
Las vestiduras se convierten de este modo en el signo visible de una misión recibida. Más allá de su riqueza material, expresan una dignidad que trasciende a la persona que las porta y manifiestan la continuidad de un sacerdocio instituido para el servicio de Dios y de su pueblo.
Custodio del santuario y de las cosas sagradas
Antes incluso de suceder a Aarón, Eleazar desempeña responsabilidades de especial importancia dentro del culto de Israel. El libro de los Números lo presenta encargado de supervisar el aceite destinado a las lámparas, el incienso aromático, la ofrenda cotidiana y el óleo de la unción, además de ejercer la vigilancia sobre el tabernáculo y sus objetos sagrados. Esta función permite comprender mejor la dimensión religiosa del personaje. Eleazar no representa únicamente la autoridad jerárquica del sumo sacerdote, sino también la custodia de aquello que ha sido reservado para Dios. Su ministerio se desarrolla en torno al santuario y a los elementos destinados al culto: la luz, el perfume del incienso, la ofrenda y la unción forman parte de un lenguaje ritual que expresa la relación entre Dios y el pueblo de Israel.
Su presencia se prolonga, además, durante uno de los momentos decisivos de la historia bíblica. Tras la muerte de Moisés, Eleazar aparece junto a Josué en el proceso de distribución de la Tierra Prometida entre las tribus de Israel. Sacerdocio y gobierno se presentan entonces como realidades complementarias dentro del orden del pueblo elegido. Eleazar encarna así una etapa de transición. Su vida comienza durante el peregrinar por el desierto, bajo la autoridad de Moisés y Aarón, y se prolonga hasta el asentamiento de Israel en Canaán. En él confluyen, por tanto, la memoria del éxodo, la continuidad del sacerdocio y el cumplimiento de la promesa.
La lanza: una alusión al celo sacerdotal y a la continuidad del linaje
Entre los elementos que singularizan la representación de Eleazar realizada por Juan Alberto Pérez Rojas destaca la lanza que porta la figura. Su interpretación remite a un conocido episodio del libro de los Números relacionado directamente con su descendencia sacerdotal.
La Escritura atribuye expresamente la utilización de la lanza a Fineés, hijo de Eleazar y nieto de Aarón. Durante la crisis de Baal-Peor, cuando parte de Israel se había apartado de la alianza participando en cultos idolátricos, Fineés tomó una lanza e intervino contra la transgresión que se estaba cometiendo en el campamento. El relato presenta su actuación como expresión de un extraordinario celo por la fidelidad a Dios y señala que, como consecuencia de aquel gesto, recibió una alianza de paz y la promesa de continuidad para su linaje sacerdotal.
Por tanto, la lanza no debe entenderse como un atributo derivado de una acción realizada personalmente por Eleazar. En la concepción iconográfica de esta escultura funciona como una referencia al linaje sacerdotal que continúa a través de su hijo Fineés y, de manera más amplia, a la defensa de la alianza y a la fidelidad del sacerdocio de Israel.
El atributo permite así condensar visualmente una idea esencial del personaje: Eleazar recibe de Aarón la dignidad sacerdotal y la transmite a su descendencia. La lanza establece un vínculo entre generaciones y recuerda que el sacerdocio representado por Eleazar no termina en él, sino que continúa en Fineés y en su linaje. De este modo, un elemento de marcado carácter narrativo adquiere dentro de la escultura un significado genealógico y simbólico.
Una interpretación escultórica de la dignidad sacerdotal
La escultura de Eleazar fue realizada por Juan Alberto Pérez Rojas en 2017 para formar parte del programa escultórico del trono procesional de la Sagrada Cena de Málaga. Tallada en madera de cedro, dorada, estofada al temple y policromada al óleo, alcanza los setenta y cinco centímetros de altura y comparte con las restantes figuras del conjunto una concepción monumental adaptada a las proporciones de la arquitectura procesional.
Su caracterización se fundamenta en la dignidad correspondiente al sumo sacerdocio de Israel. La riqueza de las vestiduras, realzada mediante las cuidadas labores de estofado, no responde únicamente a una finalidad decorativa, sino que contribuye a expresar visualmente el carácter sagrado del personaje.
La composición busca una presencia solemne y equilibrada. Eleazar no participa de una acción narrativa inmediata, sino que se presenta como depositario de una misión y continuador de un linaje. En su caracterización, el escultor introduce diversos recursos gestuales que contribuyen a definir la personalidad de la figura. Con la mano derecha, Eleazar recoge y sujeta su larga barba, un gesto contenido que acentúa el carácter reflexivo y grave del personaje, mientras la expresión adusta del rostro refuerza su autoridad sacerdotal.
Con la mano izquierda sostiene firmemente la lanza. Además de su significado iconográfico, el atributo establece un acusado eje vertical que ordena la composición, estiliza la silueta y refuerza la presencia de la escultura dentro de la arquitectura del trono. Forma y significado quedan así estrechamente relacionados: la lanza actúa simultáneamente como recurso compositivo y como referencia simbólica a la continuidad del linaje sacerdotal en la descendencia de Eleazar.
El tratamiento escultórico mantiene el equilibrio entre riqueza ornamental y claridad formal. Los paños contribuyen a desarrollar el volumen de la figura y a generar una silueta fácilmente perceptible dentro del conjunto, mientras que la policromía y los estofados enriquecen las superficies y subrayan su condición sacerdotal.
Eleazar dentro del programa eucarístico del trono
Las esculturas de Melquisedec, Aarón, Sadoc y Eleazar fueron concebidas para ocupar las cuatro esquinas del trono procesional del Señor de la Sagrada Cena de Málaga. Su incorporación culminó el enriquecimiento escultórico e iconográfico del conjunto, estableciendo un discurso específico en torno al sacerdocio del Antiguo Testamento y su plenitud en Cristo.
Dentro de este programa, cada personaje aporta un significado propio. Melquisedec introduce la dimensión profética del pan y del vino; Aarón representa la institución del sacerdocio levítico; Eleazar manifiesta su transmisión y continuidad; y Sadoc remite a la fidelidad sacerdotal y a la legitimidad del culto establecido.
La presencia de Eleazar resulta especialmente elocuente por esa condición de heredero y transmisor. Las vestiduras recibidas de Aarón y la referencia de la lanza al episodio protagonizado posteriormente por Fineés permiten establecer, entre ambas generaciones, un arco simbólico completo: Eleazar recibe el sacerdocio de su padre y garantiza su continuidad en su descendencia.
Situado junto a los restantes sumos sacerdotes en torno al misterio de la Sagrada Cena, Eleazar participa así de una lectura cristológica más amplia. El antiguo sacerdocio, transmitido de generación en generación y ligado al santuario y a las ofrendas, encuentra desde la perspectiva cristiana su cumplimiento definitivo en Cristo, sacerdote y víctima, que en la Última Cena instituye la Eucaristía y anticipa sacramentalmente el sacrificio de la Cruz.
La escultura se integra de este modo en un programa en el que arquitectura, talla, policromía e iconografía actúan conjuntamente. Eleazar deja de ser únicamente un personaje remoto de la historia de Israel para convertirse en parte de un discurso visual sobre la continuidad de la alianza y la plenitud del sacerdocio en Cristo.
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