Sagrada Familia

Escultor | Juan Alberto Pérez Rojas
Fecha | 2015
Materiales | Madera de caoba, dorada, estofada y policromada al óleo.
Dimensiones | 60 cm
Localización | Colección particular (Marbella, España)

Descripción de la Obra

La Sagrada Familia: Armonía teológica y esplendor polícromo en la obra de Alberto Pérez Rojas

La representación de la Sagrada Familia de Nazaret constituye uno de los hitos iconográficos más fecundos y sutiles del arte cristiano occidentales. Consolidada de forma definitiva tras las directrices contrarreformistas del Concilio de Trento y vivificada en España por las corrientes místicas del Siglo de Oro, esta temática trasciende la mera ilustración de la vida oculta de Cristo para erigirse en un reflejo terrestre de la Trinidad Celeste.

En esta estela de honda espiritualidad y rigor formal se inserta el conjunto escultórico de la Sagrada Familia ejecutado en 2015 por el renombrado escultor e imaginero sevillano Juan Alberto Pérez Rojas, una obra de formato académico (60 cm) destinada a una colección particular en Marbella.

Desde la perspectiva puramente iconográfica, Pérez Rojas elude con maestría la rigidez conceptual de los modelos medievales e incluso el hieratismo de ciertas composiciones coloniales, decantándose por una escena imbuida de un tierno dinamismo naturalista. San José, tradicionalmente relegado a un plano secundario en siglos pretéritos, asume aquí un protagonismo devocional preeminente, cristocéntrico y protector. Sostiene con delicadeza al Niño Jesús en sus brazos, en un ademán que prefigura tanto su misión de custodio del Redentor como la entrega de este al mundo.

Por su parte, la Virgen María se presenta en una sutil actitud itinerante, iniciando el paso y extendiendo su mano diestra hacia el pie de su Divino Hijo. Este entrelazamiento gestual no solo confiere al grupo una cohesión compositiva magistral a través de líneas de fuerza helicoidales y diagonales, sino que subraya la indisoluble unión teológica de la Trinidad de la Tierra.

El análisis formal de la obra revela un modelado de rotunda volumetría y un minucioso estudio de los paños, cuyos pliegues alternan la quiebra dramática del barroco andaluz con la fluidez lírica del clasicismo. Sin embargo, es en la aplicación de las artes suntuarias donde la pieza alcanza su cenit estético. Tallada sobre una selecta madera de caoba, la obra se convierte en un catálogo vivo de la técnica del estofado y la policromía al óleo, disciplinas en las que Pérez Rojas se ratifica como un consumado especialista.

El proceso de estofado, heredado de la mejor tradición de los maestros imagineros del seiscientos, define la suntuosidad de las vestiduras. Sobre la base de oro de ley minuciosamente asentado y bruñido, el escultor aplica capas de pigmentos al temple de huevo para, posteriormente, mediante el rascado o esgrafiado con la punta del grafio, dejar al descubierto el metal precioso subyacente. Los diseños ornamentales resultantes exhiben un dominio absoluto del dibujo geométrico y vegetal: cenefas, motivos de candelieri y roleos que simulan los brocados y damascos de las sedas litúrgicas. La riqueza del oro no anula el color, sino que lo sublima, generando una vibración lumínica que cambia según el ángulo de la luz natural.

Complementa esta exhibición técnica una finísima policromía al óleo aplicada en las encarnaduras de los rostros y las manos. Las tonalidades huyen de los contrastes estridentes; se opta por una paleta de matices suaves, veladuras translúcidas y sutiles transiciones de luz y sombra que confieren a la piel una apariencia de mística calidez. El contraste entre la noble madera de caoba que sirve de soporte silencioso y el restallante fulgor del estofado eleva el conjunto a la categoría de obra maestra del lenguaje neo-barroco contemporáneo, uniendo la unción sagrada con el deleite puramente estético.

En definitiva, la Sagrada Familia de Alberto Pérez Rojas no solo se erige como un testimonio de fe y una lección de maestría artística, sino que compendia con absoluta elocuencia las virtudes analizadas a lo largo de estas líneas: la unción sagrada de su iconografía, el dinamismo clásico de su composición y el virtuosismo técnico de sus estofados. Es en la confluencia de estos elementos donde la obra trasciende el tiempo, consolidando al escultor rondeño como uno de los intérpretes más lúcidos y refinados de la imaginería contemporánea, capaz de renovar el fasto del barroco con una sensibilidad tan poética como imperecedera.

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