Decoración escultórica Dolores del Puente II

Escultor | Juan Alberto Pérez Rojas
Fecha | 2023
Materiales | Madera de cedro barnizada
Dimensiones | 30 cm
Localización | Hermandad de Dolores del Puente (Málaga, España)

Descripción de la Obra

Un programa mariano para el trono del Cristo del Perdón de Málaga

La decoración escultórica realizada por Juan Alberto Pérez Rojas para el trono procesional del Santísimo Cristo del Perdón de la Hermandad de Dolores del Puente, en Málaga, comprende seis imágenes de pequeño formato destinadas a ocupar las diferentes capillas integradas en la arquitectura del cajillo. A las representaciones de San Carlos Borromeo, San Pedro Apóstol y Santo Domingo de Guzmán se suman tres advocaciones de la Virgen: la Inmaculada Concepción, Santa María de la Victoria y Nuestra Señora del Carmen.

Talladas en madera de cedro y acabadas mediante barnizado y patinado, las esculturas fueron realizadas en 2023 con una altura aproximada de treinta centímetros. Su concepción responde, por tanto, a las particulares exigencias de una imaginería destinada a formar parte de un conjunto arquitectónico de mayores dimensiones, donde cada figura debe mantener una lectura clara mediante la composición, el gesto y sus principales atributos iconográficos.

Las tres imágenes marianas permiten incorporar al programa diferentes aspectos de la tradición devocional de la Iglesia, junto con referencias especialmente vinculadas a Málaga y a la religiosidad popular. Aunque comparten escala, material y planteamiento escultórico, cada una posee una caracterización propia acorde con su iconografía.

Inmaculada Concepción

La representación de la Inmaculada Concepción posee una extraordinaria importancia dentro de la tradición artística española. Su iconografía fue adquiriendo una formulación cada vez más definida durante la Edad Moderna, hasta configurar uno de los grandes modelos de la escultura y la pintura religiosa del Barroco. Mucho después de la consolidación artística y devocional de esta representación, el papa Pío IX proclamó solemnemente el dogma de la Inmaculada Concepción mediante la constitución apostólica Ineffabilis Deus, el 8 de diciembre de 1854.

En la pequeña imagen realizada para el trono malagueño, María aparece elevada sobre un cúmulo de nubes y con la luna bajo sus pies, elementos procedentes de la tradición iconográfica desarrollada a partir de la mujer descrita en el capítulo duodécimo del Apocalipsis. Sobre la cabeza se dispone igualmente el aro de doce estrellas característico de esta representación.

Las manos se recogen delicadamente sobre el pecho, sujetando uno de los extremos del manto. La disposición del cuerpo se organiza mediante un ligero contrapposto: el peso descansa sobre la pierna izquierda, mientras la derecha aparece retrasada y apoyada sobre las nubes. Este desplazamiento, unido a la inclinación de la cabeza, evita una frontalidad excesivamente rígida y proporciona movimiento a una composición necesariamente condicionada por su pequeño formato.

El manto adquiere especial protagonismo mediante el desarrollo de sus pliegues, que acompañan el movimiento de la figura y contribuyen a definir su volumen. La expresión permanece serena y contenida, respondiendo al carácter contemplativo tradicionalmente asociado a esta iconografía mariana.

Santa María de la Victoria

La presencia de Santa María de la Victoria introduce en el programa escultórico una referencia directamente vinculada a la ciudad en la que procesiona el trono. La Virgen de la Victoria es patrona de Málaga y de su diócesis y constituye una de las principales devociones históricas de la ciudad. Su vinculación con Málaga se remonta a finales del siglo XV, mientras que el breve pontificio de Pío IX del 12 de diciembre de 1867 confirmó su condición de patrona principal.

La escultura realizada para el trono parte de la iconografía de la venerada imagen malagueña. El propósito no consiste en desarrollar una reinterpretación independiente de la advocación, sino en trasladar sus rasgos esenciales a una escala de aproximadamente treinta centímetros, haciendo posible su inmediata identificación dentro de una de las capillas del cajillo.

Esta circunstancia obliga a realizar un ejercicio de síntesis escultórica. Las proporciones generales, la disposición de las vestiduras y los atributos característicos adquieren mayor importancia que aquellos detalles cuya lectura quedaría necesariamente subordinada a la distancia desde la que se contempla el trono procesional.

La reproducción mantiene así la vinculación formal con la imagen de Santa María de la Victoria y, al mismo tiempo, se integra materialmente con las restantes esculturas ejecutadas en madera de cedro barnizada. La elección de esta advocación aporta además un evidente componente territorial al conjunto: junto a las referencias generales de la tradición cristiana, el programa incorpora a la patrona de la ciudad y de la diócesis de Málaga, reforzando la relación de las nuevas andas con su contexto religioso y devocional.

Nuestra Señora del Carmen

La tercera representación mariana corresponde a Nuestra Señora del Carmen, advocación estrechamente relacionada con la espiritualidad de la Orden del Carmelo y difundida ampliamente en la religiosidad católica.

Su iconografía permite una identificación inmediata gracias fundamentalmente al hábito carmelita y al escapulario. La Virgen aparece revestida con túnica, escapulario y manto, completando su indumentaria con un discreto velo sobre la cabeza. La figura se eleva sobre una base de nubes, recurso que permite subrayar su carácter celestial y, al mismo tiempo, proporcionar un adecuado apoyo visual al conjunto.

En la mano derecha porta el cetro y uno de los escapularios, mientras que con el brazo izquierdo sostiene al Niño Jesús junto al pecho. El Niño aparece dormido y lleva asimismo un pequeño escapulario en una de sus manos. La relación entre ambas figuras introduce un componente especialmente íntimo dentro del conjunto: frente a la verticalidad de la Virgen, el cuerpo infantil queda recogido sobre ella, estableciendo una composición cerrada y equilibrada.

La corona de estrellas completa los elementos marianos de la representación. Como ocurre en las restantes esculturas del programa, los atributos han sido seleccionados y definidos teniendo presente la reducida escala de la obra. En una figura destinada a una capilla del trono, la claridad iconográfica resulta esencial para que la advocación pueda reconocerse sin necesidad de una acumulación excesiva de elementos secundarios.

El tratamiento de las vestiduras contribuye nuevamente a estructurar el volumen. Los diferentes planos del hábito, el escapulario y el manto permiten articular la figura mediante pliegues de distinta profundidad, mientras la presencia del Niño rompe la estricta simetría frontal y concentra la atención en la zona superior de la composición.

Escultura mariana integrada en las andas procesionales

La Inmaculada Concepción, Santa María de la Victoria y Nuestra Señora del Carmen fueron concebidas conjuntamente con las restantes imágenes como parte de la arquitectura escultórica del trono del Santísimo Cristo del Perdón. Su función no puede entenderse, por ello, de manera aislada, sino en relación con las capillas, relieves, tallas y demás elementos que configuran las andas procesionales.

Las tres obras comparten unos mismos criterios materiales y formales: madera de cedro, pequeño formato, claridad en los atributos y una composición estudiada para conservar su presencia a pesar de las reducidas dimensiones. Al mismo tiempo, cada una introduce una referencia devocional diferenciada, desde una de las grandes iconografías marianas del arte español hasta la representación de la patrona de Málaga o la extendida devoción carmelitana.

De este modo, las imágenes completan, junto con San Pedro, San Carlos Borromeo y Santo Domingo de Guzmán, el conjunto de seis esculturas destinadas a las capillas del trono, integrándose dentro del programa artístico concebido para las andas procesionales de la Hermandad de Dolores del Puente.

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