Virtudes Teologales y Cardinales
Descripción de la Obra
Las Virtudes Teologales y Cardinales: un programa escultórico al servicio de la catequesis
La escultura religiosa ha desempeñado desde sus orígenes una importante función pedagógica. Más allá de representar episodios bíblicos o figuras de santos, el arte sacro ha servido también para hacer visibles aquellos valores espirituales que constituyen el fundamento de la vida cristiana. Dentro de esa tradición se inscriben estas seis alegorías de las Virtudes Teologales y Cardinales, realizadas por Juan Alberto Pérez Rojas para el trono procesional del Santísimo Cristo del Perdón de la Archicofradía de Dolores del Puente, en Málaga.
Concebidas como parte de un amplio programa iconográfico, estas esculturas ocupan los frontones superiores del cajillo del trono, integrándose con naturalidad en una composición donde arquitectura, talla, orfebrería e imaginería forman un conjunto unitario. Su presencia no responde únicamente a un criterio ornamental, sino que aporta un profundo contenido doctrinal que enriquece el mensaje teológico del conjunto procesional.
Las virtudes en la tradición del arte sacro
Las tres Virtudes Teologales —Fe, Esperanza y Caridad— constituyen el núcleo de la vida sobrenatural del cristiano. La tradición de la Iglesia las considera dones que orientan al hombre directamente hacia Dios y que encuentran su fundamento en la revelación cristiana. Junto a ellas se representan tres Virtudes Cardinales —Prudencia, Fortaleza y Templanza—, entendidas como pilares de la vida moral y de las demás virtudes humanas. El conjunto conforma un discurso visual que invita al espectador a reflexionar sobre el camino de la santidad mediante un lenguaje simbólico de larga tradición en el arte cristiano.
La representación iconográfica ha sido resuelta siguiendo los modelos clásicos de la alegoría. Cada figura incorpora los atributos que permiten su identificación inmediata: la Fe sostiene el cáliz y aparece con los ojos vendados como expresión de la confianza en lo invisible; la Esperanza porta el ancla, símbolo de la firmeza del alma; y la Caridad se representa amamantando a un niño, imagen tradicional del amor desinteresado y de la entrega al prójimo. Entre las Virtudes Cardinales, la Fortaleza aparece acompañada por una columna, la Prudencia por una paloma y la Templanza sostiene un cuenco y un jarro, atributos que remiten a la moderación y al dominio de las pasiones.
Escultura alegórica al servicio de la catequesis
Desde el punto de vista artístico, cada relieve ha sido concebido buscando un equilibrio entre la tradición iconográfica y un lenguaje escultórico plenamente integrado en la estética barroca del trono. Las figuras presentan proporciones armónicas, movimientos contenidos y una cuidada expresividad, evitando cualquier exceso gestual para favorecer una lectura clara de cada alegoría.
Uno de los aspectos más interesantes del proyecto es la aplicación de la denominada ley de adaptación al marco, principio clásico de la composición escultórica por el que la creatividad se subordina al espacio arquitectónico destinado a albergar la obra. En este caso, los relieves se sitúan sobre las pequeñas capillas que acogen diversas esculturas de santos, también realizadas por el autor. Las reducidas dimensiones de estos espacios llevaron a resolver las composiciones mediante representaciones de medio cuerpo, una solución que permite aumentar la monumentalidad visual de las figuras y concentrar la atención del espectador en la riqueza expresiva de los rostros, los gestos y los atributos iconográficos.
Especial importancia adquiere igualmente el estudio de los paños, cuyos pliegues generan un rico juego de luces y sombras que potencia la sensación de volumen y profundidad, integrando cada relieve de manera natural en la arquitectura del trono.
Un programa iconográfico concebido para el trono del Perdón
Desde el punto de vista material y técnico, los relieves están realizados en bronce fundido mediante la técnica de la cera perdida, uno de los procedimientos más antiguos y precisos de la escultura artística. Su terminación se completa con una pátina obtenida mediante procedimientos químicos específicos para este material, que protege la superficie y aporta la riqueza cromática característica del bronce artístico.
Uno de los aspectos más interesantes de esta intervención reside precisamente en su integración dentro de un programa iconográfico mucho más amplio. Las virtudes dialogan con las escenas evangélicas del Perdón de Dios, con las esculturas de santos situadas en las capillas inferiores y con los profetas que ocupan las esquinas del trono, estableciendo una continuidad narrativa que convierte todo el conjunto en una auténtica catequesis visual. La escultura deja así de ser un elemento aislado para convertirse en parte de un discurso artístico perfectamente estructurado.
La integración de la escultura en la arquitectura procesional
La realización de este tipo de obras exige un profundo conocimiento tanto de la tradición iconográfica como de los recursos propios de la escultura ornamental. La adaptación de cada composición al espacio arquitectónico, el estudio de las proporciones, la riqueza del modelado y la armonía entre todas las piezas resultan esenciales para conseguir un conjunto coherente y equilibrado.
Estas seis Virtudes ponen de manifiesto una faceta menos conocida de la producción artística de Juan Alberto Pérez Rojas, pero igualmente significativa dentro de su trayectoria. A través de ellas se evidencia la capacidad del escultor para desarrollar programas decorativos de carácter simbólico, donde el lenguaje plástico trasciende la mera función ornamental para convertirse en vehículo de contenido teológico, histórico y espiritual. El resultado es un conjunto escultórico que enriquece el patrimonio procesional malagueño y continúa una tradición artística que, desde hace siglos, encuentra en la escultura uno de los medios más eficaces para transmitir la belleza de la fe.







