Virgen de los Dolores y San Juan Evangelista (Álora)

Escultor | Juan Alberto Pérez Rojas
Fecha | 2026
Materiales | Madera de cedro estofada al temple y policromada al óleo
Dimensiones | 38 cm
Localización | Colección particular (Álora, España)

Descripción de la Obra

Virgen de los Dolores y san Juan Evangelista

El dolor de María y el consuelo del discípulo amado

El conjunto escultórico de la Virgen de los Dolores y san Juan Evangelista, realizado por Juan Alberto Pérez Rojas, presenta una interpretación del acompañamiento de María durante la Pasión de Cristo. La proximidad de ambas figuras, el encuentro de sus manos y la relación entre sus actitudes construyen una escena donde el sufrimiento se expresa junto al consuelo. La composición concentra su significado en ese vínculo humano y espiritual, haciendo visible la atención del discípulo hacia la Madre de Jesús.

Su fundamento evangélico se encuentra en la presencia de María y del discípulo amado junto a la cruz, narrada en el Evangelio de san Juan (Jn 19, 25-27). La tradición cristiana identifica a este discípulo con san Juan Evangelista y reconoce en aquel episodio un vínculo de maternidad y acogida. La obra evoca esa relación mediante un lenguaje gestual que invita a contemplar la fidelidad, la compasión y la permanencia junto a quien sufre.

Una composición articulada mediante el gesto

La Virgen eleva el rostro y dirige la mirada hacia lo alto. Las cejas inclinadas, la boca entreabierta y las lágrimas visibles en sus mejillas manifiestan la intensidad del dolor. Una mano descansa sobre el pecho, mientras la otra encuentra apoyo en la de san Juan. Ambos gestos enlazan la experiencia interior del sufrimiento con la necesidad de cercanía, dando a la figura una expresión reconocible y profundamente humana.

San Juan vuelve la cabeza hacia María y aproxima su cuerpo al de la Virgen. Su rostro juvenil, enmarcado por el cabello ondulado, mantiene una expresión atenta. El brazo que rodea la espalda de la Madre y la mano que sostiene la suya definen una actitud protectora. Estos contactos no son accesorios: constituyen el núcleo narrativo del grupo y permiten comprender su sentido sin recurrir a otros elementos de la escena de la Pasión.

Las dos figuras comparten una misma base y forman una unidad compacta, enriquecida por los giros de las cabezas y la disposición de los brazos. La contemplación desde distintos ángulos descubre la continuidad del abrazo y el desarrollo de los mantos, prolongando la lectura del conjunto más allá de su vista frontal.

Policromía y riqueza ornamental de los ropajes

El tratamiento de las vestiduras, Pérez Rojas introduce una dimensión ornamental de evocación barroca. El azul del manto mariano contrasta con los tonos rojizos de su túnica, mientras san Juan viste de verde y rojo, sus colores tradicionales. Sobre estas superficies se despliega una decoración de motivos vegetales, compuesta fundamentalmente por hojas de acanto, con un minucioso trabajo de tintas, esgrafiados en los fondos, etc. que acompaña el movimiento de los pliegues.

El estofado permite descubrir el oro situado bajo las capas de color mediante dibujos y trazados decorativos. Este procedimiento, vinculado a la tradición de la escultura policromada española, integra la ornamentación en el volumen de los ropajes. En una obra de 38 centímetros, la precisión de estos detalles contribuye a enriquecer su contemplación cercana.

La riqueza de los ropajes establece un contraste con la delicadeza de los rostros y las manos. Las carnaciones, de tonalidades cálidas, refuerzan la presencia humana de los personajes, mientras los resplandores subrayan su condición sagrada. Expresión, volumen y color participan así de una misma intención: acercar al espectador al dolor de María y al gesto de san Juan como testimonio de una caridad que acompaña, sostiene y permanece. El conjunto propone una contemplación de la Pasión desde la cercanía y la compasión.

Arte sacro y coleccionismo privado

Concebido para una colección privada de arte, el conjunto encuentra en su reducido formato una de sus principales cualidades expresivas. La escala favorece una contemplación cercana, en la que adquieren especial importancia la relación gestual entre las figuras, el modelado de los rostros y las manos y la riqueza ornamental de los estofados.

La Virgen y san Juan participan así de una tradición de escultura sacra que, junto a las grandes imágenes destinadas al culto público, ha encontrado también en el ámbito privado un espacio para la devoción y el coleccionismo. En este contexto, la proximidad permite apreciar con particular atención la talla, la policromía y los recursos decorativos, reforzando el carácter íntimo de la escena.

Tradición iconográfica, tratamiento escultórico y riqueza ornamental se integran de este modo en una obra de carácter devocional que traslada al pequeño formato algunos de los recursos esenciales de la imaginería sacra española y propone una contemplación de la Pasión desde la cercanía, el consuelo y la compasión.

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