Decoración escultórica Dolores del Puente I
Descripción de la Obra
Decoración escultórica del trono del Cristo del Perdón de Málaga
Un programa escultórico para la Hermandad de Dolores del Puente
El programa escultórico realizado por Juan Alberto Pérez Rojas para el trono procesional del Santísimo Cristo del Perdón de la Hermandad de Dolores del Puente, en Málaga, reúne diferentes figuras de santos y advocaciones marianas concebidas para integrarse en la arquitectura de las nuevas andas procesionales. Talladas en madera de cedro y resueltas en pequeño formato, estas esculturas forman parte de un conjunto más amplio en el que imagen, talla ornamental y representación alegórica participan de un mismo discurso artístico.
Realizadas en 2023, las figuras responden a una escala aproximada de treinta centímetros, circunstancia que condiciona necesariamente su concepción escultórica. El reducido tamaño exige concentrar la identificación de cada personaje en unos pocos elementos esenciales: la disposición general del cuerpo, los atributos iconográficos, el tratamiento de las vestiduras y, especialmente, el gesto. El resultado no busca reproducir con detalle una imagen devocional de tamaño natural, sino ofrecer figuras perfectamente reconocibles que mantengan su presencia y claridad visual dentro del conjunto arquitectónico del trono.
En esta primera serie se representan San Carlos Borromeo, San Pedro Apóstol y Santo Domingo de Guzmán, tres figuras pertenecientes a diferentes momentos de la historia de la Iglesia y caracterizadas mediante sus atributos tradicionales.
San Carlos Borromeo
La figura de San Carlos Borromeo remite a uno de los principales protagonistas de la renovación católica del siglo XVI. Arzobispo de Milán y cardenal, su actividad pastoral quedó estrechamente vinculada a la aplicación de las disposiciones del Concilio de Trento y a un modelo episcopal caracterizado por la disciplina, la reforma del clero y la atención directa a los fieles. Su dedicación durante la epidemia que padeció Milán contribuyó especialmente a configurar la posterior memoria devocional del santo.
La escultura lo representa revestido conforme a su dignidad eclesiástica, pero alejándose de una imagen estrictamente solemne para destacar su dimensión penitencial. Las manos aparecen cruzadas ante el cuerpo mientras una cuerda rodea el cuello y desciende hasta la cintura. La cabeza, elevada y con la mirada dirigida hacia lo alto, introduce un sentido de súplica que concentra la expresión espiritual de la pequeña imagen.
Desde el punto de vista compositivo, el protagonismo recae especialmente sobre las vestiduras. Los pliegues permiten organizar la figura y producir cambios de luz que ayudan a definir el volumen a pesar de sus reducidas dimensiones. El acabado de la madera, barnizada y patinada, mantiene visible la naturaleza del material y vincula la escultura con el lenguaje ornamental general del trono.
San Pedro Apóstol
San Pedro constituye una de las figuras fundamentales del colegio apostólico y aparece aquí representado mediante una iconografía fácilmente reconocible. Las llaves que sostiene remiten directamente al pasaje del Evangelio de san Mateo en el que Cristo confía a Pedro las llaves del Reino de los Cielos y la potestad de atar y desatar (Mt 16, 18-19), fundamento de uno de sus atributos más constantes dentro del arte cristiano.
La composición adopta una disposición de cierto dinamismo. El peso del cuerpo descansa principalmente sobre una pierna mientras la contraria aparece elevada sobre una roca, recurso que permite quebrar la verticalidad y organizar el movimiento del manto. La figura sostiene las llaves con una mano y un libro con la otra, atributo que puede entenderse de manera general como referencia a la Escritura y a su condición apostólica.
La túnica y el amplio manto adquieren especial importancia en la construcción escultórica. Los pliegues atraviesan el cuerpo y se concentran sobre la pierna adelantada, generando zonas de mayor profundidad que aportan variedad al pequeño volumen. La cabeza aparece ligeramente girada, con una expresión contenida que evita una excesiva teatralidad y mantiene la lectura monumental de la figura dentro de las limitaciones de escala.
Se trata, por tanto, de una interpretación que conserva los elementos esenciales de la iconografía petrina y los adapta a la función concreta de la escultura: integrarse en el programa ornamental y religioso de unas andas procesionales.
Santo Domingo de Guzmán
La presencia de Santo Domingo de Guzmán posee además una relación particularmente directa con el emplazamiento del conjunto, puesto que la Hermandad de Dolores del Puente tiene su sede canónica en la parroquia malagueña de Santo Domingo de Guzmán. La elección del fundador de la Orden de Predicadores incorpora así al programa escultórico una referencia histórica y devocional vinculada al propio entorno de la corporación.
El santo viste el característico hábito dominicano, configurado mediante túnica, escapulario y capa. En una de sus manos porta el estandarte con la cruz dominicana, mientras sostiene contra el pecho el libro asociado a su vocación de estudio y predicación.
Junto a sus pies aparece uno de sus atributos iconográficos más conocidos: el perro con la antorcha encendida. Su origen se encuentra en la tradición biográfica dominicana según la cual la beata Juana de Aza, madre del santo, habría tenido antes de su nacimiento una visión en la que un perro portando una antorcha aparecía como anuncio de la futura misión de Domingo y de la propagación de la predicación. La propia Orden conserva esta tradición dentro de la narración de los orígenes de su fundador.
La escultura adopta una disposición serena, apoyando el peso sobre una pierna mientras la contraria avanza ligeramente. El giro de la cabeza y la elevación de la mirada compensan esta estabilidad e introducen una dirección ascendente. Incluso dentro del reducido formato se han definido la barba, el cabello y la tonsura, elementos que completan la caracterización tradicional del santo.
Escultura de pequeño formato integrada en el trono procesional
San Carlos Borromeo, San Pedro y Santo Domingo fueron concebidos desde el principio como piezas pertenecientes a una arquitectura mayor. Su lectura debe realizarse, por tanto, en relación con las restantes esculturas marianas y con los relieves de las Virtudes Teologales y Cardinales que completan el programa diseñado para el trono del Cristo del Perdón.
En todas ellas se mantiene un criterio común: claridad iconográfica, composiciones adaptadas al pequeño formato, especial atención al movimiento de los paños y utilización del atributo como elemento esencial para identificar cada personaje. De este modo, las imágenes participan de la riqueza decorativa de las andas y, al mismo tiempo, aportan contenido religioso e histórico al conjunto procesional.
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Decoración escultórica del trono de Dolores del Puente II
Segunda parte del conjunto de esculturas destinadas a las capillas del trono, formada por las representaciones de la Inmaculada Concepción, Santa María de la Victoria y Nuestra Señora del Carmen.
Virtudes Teologales y Cardinales para el trono de Dolores del Puente
Conjunto de relieves escultóricos integrado en el mismo programa artístico, en el que las virtudes teologales y cardinales se representan mediante sus atributos iconográficos tradicionales.









