Busto de Dolorosa
Descripción de la Obra
Busto de Dolorosa: intimidad y contemplación en la escultura mariana
El Busto de Dolorosa, ejecutado en el año 2014, se erige como una de las piezas más íntimas y reveladoras dentro de la producción artística de Juan Alberto Pérez Rojas. Concebida en terracota policromada al óleo y modelada a tamaño natural, esta obra ahonda con una sensibilidad extraordinaria en la representación del dolor mariano, un motivo imperecedero que ha definido el devenir de la imaginería sagrada en el contexto andaluz.
Desde una perspectiva histórico-artística, la pieza es heredera formal y conceptualmente con los grandes modelos del Barroco español, más concretamente el barroco andaluz, asimilando de manera sutil las dos grandes corrientes de nuestra tradición constructiva. Por un lado, late en ella la unción y la contención lírica de la escuela granadina, evocando la delicadeza silenciosa de maestros como Alonso Cano o Pedro de Mena; por otro, el vigor del modelado y la intensidad interna reflejan la impronta de la escuela sevillana, una herencia directa recibida durante los años de formación del autor. La elección de la terracota como soporte material no es casual; este noble elemento permite una inmediatez técnica y una plasticidad orgánica idóneas para capturar la vibración de los volúmenes, la suavidad de las carnaciones y la impronta directa de las manos del escultor sobre la materia viva.
Iconográficamente, la obra trasciende la mera representación del sufrimiento físico para adentrarse en la profundidad de una aflicción de carácter psíquico y espiritual. El rostro de la Virgen, configurado mediante unas facciones de serena elegancia, muestra una aflicción contenida que evita cualquier atisbo de estridencia o dramatismo forzado. Las cejas, levemente arqueadas en un gesto de íntimo desgarro, dirigen la atención hacia una mirada baja y ensimismada, que invita al espectador al recogimiento y a la contemplación devocional.
La policromía al óleo, resuelta con maestría a partir de tonos claros y veladuras, acentúa la limpieza de los planos faciales y refuerza la pureza de la imagen, dotando a la piel de una calidad casi translúcida que contrasta con la sobriedad del ropaje que enmarca el busto. En este sentido, la resolución del cuello y la suave inclinación de la cabeza potencian la carga psicológica del conjunto, logrando un equilibrio idóneo entre el naturalismo anatómico y la idealización espiritual que exige el arte sacro contemporáneo.
Tradicionalmente, este tipo de esculturas encontraron acomodo tanto en oratorios particulares como en espacios destinados a la devoción privada, donde la cercanía física con la imagen favorecía una experiencia espiritual más recogida y meditativa.
El Busto de Dolorosa no solo atestigua el riguroso estudio de la anatomía humana y de los cánones clásicos por parte de Pérez Rojas, sino también su capacidad para renovar la poética de la imaginería tradicional sin desvirtuar su esencia sagrada, ofreciendo al coleccionismo particular una obra de indiscutible madurez y hondo calado místico.






