Ángel Mancebo Montefrío
Descripción de la Obra
La iconografía de los ángeles mancebos
El ángel mancebo es una de las figuras más recurrentes en el ajuar de las hermandades andaluzas: un ser celestial de rasgos adolescentes, alas desplegadas y gesto sereno, que sirve de acompañamiento y sostén a la imagen titular. En este caso, la pieza porta el bastón de mando que corresponde a la Virgen de los Remedios como alcaldesa perpetua de Montefrío (Granada), un atributo civil que se suma a la iconografía angélica tradicional y que subraya el vínculo entre la corporación municipal y la advocación mariana.
Los ángeles mancebos, en la tradición cristiana, representan la pureza, la protección divina y la incesante alabanza a Dios, funciones que aquí se hacen visibles en la actitud recogida y reverente con que la figura sostiene el bastón entre ambas manos. Su presencia contribuye a construir una auténtica escenografía sagrada en torno a la imagen titular, reforzando visualmente la idea de corte celestial que acompaña a la Virgen durante el culto y la procesión.
Contexto devocional e histórico
En este contexto iconográfico adquiere pleno sentido el atributo que porta la escultura. El bastón de mando recuerda la condición de alcaldesa perpetua de la Virgen de los Remedios, que preside una de las devociones más singulares de la provincia granadina: la Fiesta del Rayo, que conmemora el suceso ocurrido en 1766, cuando un rayo alcanzó la iglesia de la Villa durante una misa sin causar más daño que el susto de los presentes y de un perro llamado Sultán. La tradición atribuyó el hecho a la intercesión de la Virgen, y desde entonces la imagen procesiona cada último domingo de mayo, organizada hoy por la Hermandad de Nuestra Señora de los Remedios junto a la parroquia.
Composición y lenguaje escultórico de la obra
La figura se alza sobre una nube tallada a modo de escabel, solución compositiva propia de la imaginería angélica que refuerza la sensación de ingravidez y aparición celestial. La cabeza se inclina levemente hacia su izquierda, en un giro sutil que dinamiza la frontalidad de la pieza y remite al estudio directo del natural, constante en el hacer del escultor. El bastón de mando, realizado en carey, queda sujeto con ambas manos en un gesto delicado y contenido, que evita cualquier ademán teatral y mantiene el carácter devocional y protocolario del objeto que porta.
Técnica escultórica: talla, dorado, estofado y policromía
Tallada en madera de cedro, la obra se resuelve en un formato de pequeño tamaño —45 centímetros— que exige especial precisión en el modelado de las calidades anatómicas y en el tratamiento del paño. La anatomía se resuelve mediante un modelado suave y naturalista, donde músculos, articulaciones y transiciones anatómicas aparecen sugeridos con delicadeza, evitando cualquier exceso descriptivo. Parte de ella se cubre con un sudario estofado al temple sobre oro de ley, técnica en la que se dibuja y esgrafía el motivo decorativo sobre la lámina dorada para después aplicar el color, dejando aflorar el metal en los perfiles del dibujo. La policromía general se ha resuelto al óleo en tonos nacarados, un acabado suave y luminoso que caracteriza la producción del taller y que aporta a la carnación una calidez propia de la piel juvenil que exige este tipo de iconografía. El conjunto busca transmitir una belleza serena, propia del ideal clásico de la imaginería barroca, donde la armonía formal conduce naturalmente a la contemplación espiritual.
Una obra para la devoción de una comarca
Como pieza vinculada al ajuar procesional de la Virgen de los Remedios, este ángel mancebo se inserta en la tradición de dotar a las imágenes marianas de un cortejo celestial que subraya su realeza y su carácter taumatúrgico. La obra realizada por Pérez Rojas en 2024, se suma así al patrimonio escultórico contemporáneo que sigue nutriendo, imagen a imagen, la piedad popular de Montefrío en torno a su patrona.
Más allá de su función ornamental, esta escultura angélica testimonia la vigencia de una tradición escultórica que continúa renovándose en el siglo XXI sin renunciar a sus fundamentos históricos, iconográficos y devocionales, poniendo el arte al servicio de la liturgia, de la religiosidad popular y de la belleza entendida como camino hacia lo trascendente.
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