High Priest Zadok
Description of the work
Sadoc, sumo sacerdote del trono de la Sagrada Cena de Málaga
Sadoc: fidelidad sacerdotal y legitimidad del culto
Sadoc ocupa un lugar fundamental en la historia del sacerdocio de Israel. Vinculado al reinado de David y a la consolidación de Salomón como sucesor, su figura representa la fidelidad al orden establecido, la continuidad de la alianza y la legitimidad del servicio sacerdotal. Aunque su presencia se distribuye entre distintos pasajes de los libros históricos del Antiguo Testamento, su actuación adquiere especial importancia durante el conflicto sucesorio que precedió a la muerte del rey David.
Mientras el sacerdote Abiatar apoyó las aspiraciones de Adonías al trono, Sadoc permaneció fiel a David y respaldó la elección de Salomón. Por mandato del anciano monarca, fue precisamente Sadoc quien tomó el cuerno de aceite de la Tienda del Señor y ungió al nuevo rey en Guijón, en presencia del profeta Natán y de los servidores reales. Este gesto no constituye únicamente una ceremonia política: expresa la dimensión sagrada de la monarquía israelita y la intervención del sacerdocio en la transmisión legítima de la autoridad.
Una vez afianzado en el trono, Salomón destituyó a Abiatar y confió a Sadoc la plenitud de la función sacerdotal. Desde entonces, su nombre quedó asociado a una estirpe que alcanzaría una extraordinaria relevancia en la organización del culto de Jerusalén. Los descendientes de Sadoc, conocidos como sadoquitas, fueron considerados custodios de la legitimidad sacerdotal y del servicio del Templo. El profeta Ezequiel los presenta como aquellos sacerdotes que permanecieron fieles cuando otros se apartaron del verdadero culto, reservándoles el privilegio de acercarse al altar y ejercer el ministerio ante el Señor.
Sadoc encarna, por tanto, una forma de autoridad basada no en la ambición personal, sino en la lealtad, la permanencia y el cumplimiento de una misión recibida. Su presencia en el programa iconográfico del trono de la Sagrada Cena de Málaga incorpora el recuerdo de aquel sacerdocio veterotestamentario que preparó, mediante sus ritos, sacrificios y unciones, la comprensión del sacerdocio definitivo de Cristo.
Interpretación iconográfica del sumo sacerdote
La representación escultórica de Sadoc fue concebida atendiendo a la dignidad que corresponde a uno de los grandes sacerdotes de la tradición de Israel. La figura se presenta revestida con una indumentaria solemne, enriquecida mediante labores de dorado, estofado y policromía, que subrayan tanto su condición religiosa como su pertenencia a un conjunto de carácter procesional.
La riqueza ornamental no responde únicamente a una intención decorativa. En el contexto bíblico, las vestiduras sacerdotales hacían visible la dignidad del ministerio y distinguían a quien había sido consagrado para servir ante el altar. Los tejidos, los adornos y los complementos de orfebrería remiten así a la solemnidad del culto antiguo y contribuyen a identificar al personaje dentro del programa iconográfico del trono.
Sin embargo, frente a una concepción exclusivamente suntuaria, la obra busca transmitir el carácter moral de Sadoc. La gravedad del semblante, la contención expresiva y la firmeza de su presencia evocan la fidelidad que definió su actuación durante la sucesión de David. No aparece como una figura dominada por la agitación narrativa, sino como depositario de una autoridad serena, consciente de la responsabilidad inherente a su ministerio.
Concepción escultórica y lenguaje formal
Realizada en 2017, la escultura fue tallada en madera de cedro y posteriormente dorada, estofada al temple y policromada al óleo. Sus setenta y cinco centímetros de altura se adaptan a la escala general de los sumos sacerdotes que forman parte de la decoración escultórica del trono de Nuestro Padre Jesús de la Sagrada Cena de Málaga.
La composición persigue una concepción plenamente tridimensional de la figura, destinada a ser contemplada desde múltiples puntos de vista a pesar de encontrarse integrada en una arquitectura procesional, con las limitaciones espaciales que esta circunstancia puede imponer. Pérez Rojas dispone al sumo sacerdote sentado sobre una de las esquinas del trono e introduce varias líneas diagonales que aportan movimiento y profundidad al conjunto.
La pierna derecha, cruzada sobre la izquierda, genera una estructura dinámica que encuentra continuidad en la disposición armónica de los paños. Con la mano derecha porta una ampolla de plata que contiene el óleo con el que ungió al rey Salomón, atributo que permite reconocer el episodio más significativo de su historia. El brazo izquierdo, situado en un plano posterior, refuerza la apertura espacial de la figura y acentúa el ritmo diagonal de la composición.
El rostro concentra el contenido psicológico de la imagen. El modelado, de carácter naturalista, se detiene en la definición de los volúmenes anatómicos y en la construcción de una expresión sobria. La mirada, la disposición de las facciones y el tratamiento de la barba contribuyen a configurar un personaje de edad madura, marcado por la experiencia y por el ejercicio prolongado de la autoridad sacerdotal.
El estofado presenta una gran profusión de elementos ornamentales de inspiración dieciochesca, compuestos mediante tornapuntas en forma de ces y eses, rocallas y festones florales que enriquecen el conjunto. Se establece así un diálogo entre la suntuosidad de las vestiduras y la humanidad del rostro: entre la dignidad institucional del sacerdote y la dimensión personal de quien desempeñó un papel determinante en la transmisión legítima de la monarquía de Israel.
Sadoc en el programa iconográfico de la Sagrada Cena
La incorporación de Sadoc al trono amplía el significado teológico del conjunto más allá del episodio evangélico representado por el grupo titular. Junto con Melquisedec y los restantes sacerdotes del Antiguo Testamento, establece una lectura tipológica que relaciona la antigua alianza con la institución de la Eucaristía.
Si Melquisedec anticipa el ofrecimiento del pan y el vino, Sadoc representa la continuidad del sacerdocio legítimo y la fidelidad al culto. Ambos convergen simbólicamente en Cristo, verdadero y eterno sacerdote, que durante la Última Cena no ofrece una víctima distinta de sí mismo, sino su propio Cuerpo y su propia Sangre.
De este modo, la escultura no actúa como un elemento aislado, sino como parte de un programa iconográfico unitario. Su presencia contribuye a explicar visualmente la continuidad entre el Antiguo y el Nuevo Testamento y convierte la arquitectura procesional en un discurso catequético sobre el sacerdocio, el sacrificio y la Eucaristía.
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Melquisedec, rey y sacerdote del Dios Altísimo
La figura de Melquisedec anticipa simbólicamente el misterio eucarístico mediante la ofrenda del pan y el vino. Su presencia en el trono establece un diálogo teológico con Sadoc y con el sacerdocio definitivo de Cristo.
Ángeles mancebos del trono de la Sagrada Cena
Estos ángeles mancebos forman parte de la decoración escultórica del mismo trono procesional. Su concepción, indumentaria y actitud ceremonial contribuyen a enriquecer la solemnidad y la unidad visual del conjunto.









