High Priest Aaron

Sculptor : Juan Alberto Pérez Rojas
Date | 2017
Materials : Gilded cedar wood, tempera and oil polychromed.
Dimensions : 75 cm
Localización | Hermandad de la Sagrada Cena (Málaga, España)

Description of the work

Aarón, sumo sacerdote del trono de la Sagrada Cena de Málaga

Aarón: origen del sacerdocio de Israel

Aarón ocupa un lugar esencial dentro de la historia religiosa del pueblo de Israel. Hermano de Moisés y perteneciente a la tribu de Leví, fue elegido junto con sus descendientes para ejercer el ministerio sacerdotal y servir ante el santuario. La tradición bíblica presenta así su figura como cabeza de un linaje consagrado específicamente al culto, llamado a ofrecer sacrificios, quemar incienso, bendecir al pueblo y custodiar las prescripciones relacionadas con el servicio divino. El libro del Eclesiástico resume esta dignidad al recordar cómo Dios lo revistió de espléndidas vestiduras, lo ungió y estableció con él y con su descendencia una alianza sacerdotal.

Su importancia trasciende, por tanto, la biografía individual. Aarón representa la institución del sacerdocio veterotestamentario, una función mediadora entre Dios y el pueblo que se mantendrá a través de sus descendientes. Las vestiduras, los sacrificios, las ofrendas y los objetos sagrados asociados a su ministerio configuran un lenguaje ritual que adquirirá una extraordinaria riqueza simbólica dentro de la tradición judeocristiana.

Esta condición explica también su presencia en el programa iconográfico del trono procesional de la Sagrada Cena de Málaga. Si los cuatro personajes escogidos representan diferentes dimensiones del sacerdocio bíblico, Aarón constituye necesariamente uno de sus fundamentos: con él se establece una estirpe sacerdotal cuya continuidad llegará hasta su hijo Eleazar y, posteriormente, a las generaciones sucesivas.

El incensario: sacerdocio, oración e intercesión

La escultura representa a Aarón portando un incensario, atributo estrechamente vinculado al ejercicio sacerdotal. El incienso formaba parte del culto del santuario y su combustión acompañaba regularmente el servicio religioso, convirtiéndose con el tiempo en una poderosa imagen de la oración elevada hacia Dios. El propio Eclesiástico incluye entre las funciones características de Aarón la de ofrecer sacrificios y quemar incienso ante el Señor.

Sin embargo, el atributo adquiere una significación particularmente intensa a la luz del episodio narrado en el libro de los Números. Ante una mortandad que se extendía entre los israelitas, Moisés ordenó a Aarón tomar el incensario, colocar en él fuego del altar e incienso y dirigirse hacia la comunidad para realizar el rito de expiación. Aarón se situó simbólicamente entre los vivos y los muertos, ejerciendo una función mediadora en favor del pueblo.

El incensario no constituye, por ello, un simple complemento ornamental. Resume visualmente una de las dimensiones fundamentales del personaje: Aarón como sacerdote que ofrece, intercede y ejerce su ministerio ante Dios en nombre de Israel. Su presencia permite además diferenciar iconográficamente la escultura respecto de las restantes figuras del conjunto, cada una de las cuales posee atributos propios que individualizan su identidad y enriquecen la variedad narrativa y visual de las cuatro esquinas del trono.

Aarón y Eleazar: la transmisión del sacerdocio

La relación entre Aarón y Eleazar adquiere especial interés dentro de este conjunto escultórico, puesto que padre e hijo aparecen representados como personajes independientes y permiten visualizar dos momentos consecutivos de una misma historia sacerdotal.

Eleazar fue uno de los hijos de Aarón y desempeñó importantes responsabilidades vinculadas al santuario, entre ellas la custodia del aceite de las lámparas, el incienso aromático, las ofrendas y los objetos sagrados del tabernáculo. Pero el vínculo entre ambos alcanza su expresión más elocuente al final de la vida de Aarón. En el monte Hor, Moisés retiró al anciano sacerdote sus vestiduras y las colocó sobre Eleazar antes de que aquél muriera. El gesto constituye una verdadera imagen de sucesión y continuidad: el ministerio no desaparece con la muerte del primer sacerdote, sino que es transmitido a su descendencia.

Esta relación permite establecer un diálogo particularmente significativo entre las dos esculturas. Aarón representa la elección y establecimiento del sacerdocio; Eleazar, su recepción y continuidad. Padre e hijo forman así una secuencia visual dentro del programa del trono y hacen visible el carácter hereditario del sacerdocio antiguo.

Interpretación escultórica y unidad del conjunto

Realizada en 2017 para la Hermandad de la Sagrada Cena de Málaga, la imagen de Aarón está tallada en madera de cedro, dorada, estofada al temple y policromada al óleo, y alcanza setenta y cinco centímetros de altura. Comparte estos materiales y dimensiones con las restantes figuras concebidas para las esquinas del trono procesional, lo que garantiza su unidad material y formal dentro del conjunto.

Esta unidad, sin embargo, no supone repetición. Uno de los principales intereses del conjunto reside precisamente en la variedad introducida entre los cuatro personajes mediante las actitudes, los movimientos, los atributos y las diferentes soluciones compositivas. Cada sacerdote conserva una personalidad propia y responde a un significado particular, evitando la reiteración de cuatro figuras concebidas únicamente como elementos ornamentales.

Pérez Rojas compone a Aarón mediante una disposición dinámica que no renuncia al carácter solemne propio del personaje. El torso bascula hacia su izquierda para favorecer la presentación del incensario, que sostiene con ambas manos: la izquierda porta el cuerpo principal de la pieza mientras la derecha sujeta el extremo opuesto de la cadena. Frente a este desplazamiento del tronco, las piernas se articulan en sentido contrario, estableciendo un juego de compensaciones que anima la silueta y otorga estabilidad al conjunto.
Esta contraposición de miembros responde a una concepción de raíz barroca de la escultura, entendida como una forma destinada a desenvolverse en el espacio y a ofrecer diferentes ritmos visuales según el punto de observación. La composición se adapta así a su emplazamiento específico en una de las esquinas del trono procesional, pero sin renunciar por ello a la autonomía formal y al desarrollo tridimensional propios de una creación escultórica.

La ornamentación de las vestiduras presenta un marcado carácter dieciochesco. Tornapuntas, motivos de rocalla y festones florales recorren la túnica y la pieza delantera de la indumentaria sacerdotal, enriqueciendo las superficies mediante un cuidado trabajo de dorado y estofado. Este repertorio ornamental, inspirado en el lenguaje decorativo del siglo XVIII, contribuye a reforzar el carácter suntuoso de la imagen y constituye uno de los elementos de mayor riqueza visual del conjunto.

Como las restantes figuras sacerdotales, Aarón incorpora además las campanillas y granadas descritas en la indumentaria del sumo sacerdote, así como el pectoral con las doce piedras alusivas a las tribus de Israel. La atención concedida a estos pequeños elementos no responde únicamente a una intención preciosista: contribuye a precisar la identidad iconográfica del personaje y a dotar de verosimilitud y riqueza simbólica a una escultura concebida para integrarse en el amplio discurso eucarístico de las andas procesionales.

En Aarón, la presencia del incensario concentra finalmente buena parte de la lectura iconográfica y subraya su dimensión ritual. La riqueza de las vestiduras sacerdotales, unida al dorado, los estofados y la policromía, expresa la dignidad inherente a su ministerio y enlaza directamente con las descripciones bíblicas que conceden especial relevancia a la indumentaria del sumo sacerdote.

Aarón en el programa iconográfico de la Sagrada Cena

La incorporación de Aarón completa, junto con Melquisedec, Sadoc y Eleazar, un discurso escultórico sobre el sacerdocio veterotestamentario que encuentra su cumplimiento en Cristo. Los cuatro personajes no constituyen figuras aisladas, sino distintas etapas y dimensiones de una misma historia: la ofrenda, la institución sacerdotal, la continuidad legítima y la transmisión del ministerio.

La carta a los Hebreos establece precisamente el contraste entre el culto de la antigua alianza, con sus sacerdotes, sacrificios y ritos reiterados, y Cristo como sumo sacerdote definitivo, que ofrece su propia vida y establece una nueva alianza.

Situado en una de las esquinas del trono de la Sagrada Cena, Aarón adquiere así un significado que supera su propia individualidad histórica. El incensario que porta recuerda el culto del antiguo santuario y su función intercesora; su vinculación con Eleazar expresa la continuidad del linaje sacerdotal; y su presencia junto a los restantes sumos sacerdotes conduce finalmente la mirada hacia Cristo, verdadero centro del programa iconográfico.

La arquitectura del trono se convierte de este modo en una catequesis escultórica: alrededor de la institución de la Eucaristía, las figuras del Antiguo Testamento recuerdan el largo itinerario de la historia de la salvación y presentan aquel sacerdocio antiguo como preparación de la plenitud que alcanza en la Sagrada Cena.

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